Al regresar a Cuencas, Luis se encuentra con María Hipólita pero la mira indiferente y sólo le hace caso a Rafael, quien corre a sus brazos. Furiosa, doña Isabel le recrimina a doña Juana ser una mentirosa, que en la tumba de Leopoldo no había restos de ningún niño y que, además, cree que su hijo es Diego.